La mentira es ocultar la verdad en forma parcial o temporal porque no se puede de otra manera, la verdad siempre aparece y se impone porque es el primer impulso de todos los pensamientos y la consecuencia del análisis de las causales de una realidad. Toda persona que miente tiene que hacer un gran esfuerzo para contradecir los gritos de su interior y callar su conciencia o la conciencia colectiva de aquellos que fueron violentados a base de trampas, medias verdades, promesas que nunca llegaron, administración sinuosa de algunos negocios, o la gestión egoísta de los que le apuestan a las “tomadas de pelo”.
La mentira se convierte en vicio dado lo placentero que significan las ganancias, el poder y el poder hacer lo que sea sin que nadie pueda cuestionar o interesarse por la verdad. La verdad sustancial que debiera presentarse a toda luz siempre viene anotada en la “letra chiquita”. Cuando por fin aparece la verdad, aun cuando esto sea por accidente, nos encontramos con “un hormiguero escapando por las rendijas”. La mentira es la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
Las acciones políticas y administrativas nunca serán honestas, ni claras, ni transparentes, mientras el entramado social no participe, rompa los cotos y exija que los bienes y servicios no queden en manos de personas que comprobadamente han trasquilado, medrado y despojado el eral público. Quien sabe como le hacen para prolongarse y eternizarse en sus puestos como si no hubiera otros (as) mas capaces.
Las verdades y las mentiras de “Jimena” ¡esas si que son grandes! Porque a decir verdad ha sido la mejor tormenta de aire y agua que ha caído encima de nosotros, la mentira estriba en culparla por la destrucción sucedida. La verdad es que Jimena es solo una variabilidad normal del tiempo, la mentira es culpar al cambio climático de su presencia, culpa que solapa todas nuestras malas decisiones en materia de cuidado y atención a nuestra ciudad.
La verdad es que un ciclón será mucho mas intenso o desbastador cuando este llega a los lugares poblados. En diferentes puntos del orbe la naturaleza se ha manifestado con su máxima perfección, como el Catrina, Mitch, Wilma. Para nosotros el Juliette y mas fuerte aun, la Jimena, y sin embargo (la mentira) culpamos a la naturaleza de todo lo que destruye, es decir, que no aprendemos ni jota de la naturaleza pues aun cuando hemos sufrido grandes perdidas, sobre todo en la gente pobre, no existen ni se dan los aprendizajes convenientes a una ciudadanía que vive a la orilla del mar.
La verdad es que vivimos en un bello puerto, el mar es preciosísimo, nuestro entorno y la vida del ciudadano cuenta con historias riquísimas de autoestima y colorido, porque nuestra vida esta unida tanto a la roca fuerte y firme como a la belleza del mar. El mar brota de las rocas y las rocas brotan del mar. La mentira es que no tenemos una infraestructura acorde con el lugar, ni contamos con una cultura para la sobrevivencia, no sabemos que hacer, nos perdemos en cuanto se presenta la fuerza natural del mar, del viento y el agua cayendo del cielo.
La mentira es engañarnos unos a otros porque permitimos que las calles sean de asfalto en vez de roca, de arena con cemento en vez de cemento hidráulico, construimos encima del lodo, encima de los arroyos y no tenemos drenaje digno y suficiente para una ciudad tan grande y digna como la nuestra. Los permisos de construcción carecen de un sustento humano, solo importa la captación arancelaria sin importar que la ciudad se convierta en un mazacote deforme que origina una ciudad sin avenidas suficientes, sin lugares para lo recreativo, las calles llenas de baches sempiternos, casas sin el tamaño suficiente, todas agrietadas.
La responsabilidad no la tiene Jimena, ni el cambio climático, sino aquellos que dieron los permisos de construcción, aquellos que licitaron las obras chatarras, aquellos que no revisaron que se construyera lo autorizado y planeado. Jimena jamás hubiera podido dañar tanto si nosotros hubiéramos hecho nuestra tarea de construir una ciudad más fuerte que fuera capaz de responder a cualquier fenómeno climático.
Si sabemos todo esto, entonces ¿porque nos concentramos más en los riesgos climaticos que en hacer y sacar y realizar mejor nuestra tarea de construir una ciudad a la altura del lugar donde vivimos, una ciudad donde el clima no sea el enemigo sino el tipo de construcción que realizamos, una ciudad donde los responsables no sean los cambios climaticos sino aquellos que pusimos para que cuidaran nuestra ciudad pero que no cumplieron? La respuesta es muy sencilla, los poderes políticos y económicos fincaran la idea infantil del desastre en una causa externa como coartada para captar dinero y lograr asi el doble negocio “del haber ganado con la mala construcción y de enriquecerse otra vez con los presupuestos dedicados a los desastres”
¿Qué podemos esperar ahora? Que continúe sucediendo lo mismo, se volverá a restaurar la ciudad con obra a precio de oro pero con calidad de hojalata. Cada vez que nos visite un “dizque cambio climaticos” tendremos nuevos ricos y una ciudad igual o peor que antes.
¿Qué podemos esperar ahora? Solo caridad y asistencia social, alguna muy a tiempo, otra muy tardía, mucha de ella ni siquiera llegara a las personas necesitadas dada la presencia ventajosa del repartidor, otros ni siquiera serán tomados en cuenta. Es probable que los materiales de ayuda para construir y recuperar un poco las casas caídas lleguen para las próximas elecciones.
Ruega por mí para que reciba yo los consuelos y el socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente (hágase la petición), y para que
pueda yo bendecir a Dios en tu compañía y con los demás elegidos por toda la eternidad.
Yo te prometo, Apóstol Bienaventurado, acordarme siempre de este favor: jamás dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y de hacer todo lo posible para propagar tu devoción. Así sea
San Judas Tadeo, ruega por nosotros y por todos los que piden tu protección. Amén








