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Viernes, 10 Septiembre 2010
Home Columnas La Columna de Lina Démonos la mano en el camino

Démonos la mano en el camino

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--El Ejecutivo sonorense…"se lava las manos", ya casi de partida; responsabiliza a la Secretaría de Gobernación de los daños ocasionados por "Jimena"

PRIMERA DE DOS (CRONICA)

Hemos sido azotados por una lluvia inesperada, si, porque solo esperábamos algo leve, mas sin embargo tuvimos la suerte que este fenómeno meteorológico se estacionara casi encima de nosotros. Versiones sobraran de porque no se previo o exageró en los cuidados que nos debemos como sociedad organizada que somos. Abundan las estructuras de servicio mas no fueron alertadas a tiempo, dado que no esperábamos un azote de este tipo, y he allí las consecuencias de daños irreparables que costo algunas vida humanas, daños materiales que pudieron evitarse como vidrios rotos, de casas habitación y de Comercios, carros arrastrados por la corriente, papelería expuesta a las goteras, y la atención que pudo darse a la ciudad dada la aglomeración de materiales por las calles que detiene y retarda el flujo del agua que busca por donde fluir.

La sociedad no fue advertida a tiempo, ni orientada, no hubo alerta acerca de la fuerza de este fenómeno, inesperado dirán ¿pero que no es lo desconocido de las posibles reacciones de la naturaleza las que nos deben mantener alertas e incluso hasta exagerados?

Parece ser que nos confiamos demasiado y reaccionamos casi cuando teníamos 700 milímetros de agua cayendo sobre la cabeza de San Carlos, Guaymas, Empalme y no se diga sobre San José de Guaymas que se caracteriza por ser de los mas frágiles a la hora de los siniestros como este. Mucha gente no fue atendida a tiempo en lo que respecta a albergues, cobijas, vigilancia cercana.  Los arboles caídos, las calles convertidas propiamente en canales con un nivel de agua de hasta un metro y medio, la grava, arena y otros desechos que bajan de lo alto de nuestros cerros evitaban prácticamente el traslado de vehículos, e hizo casi nula la atención de las personas en estado de alerta urgente.

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Nunca nos había llovido tanto,  nunca imaginamos que la lluvia que se ha registrado en todo un año en EL ESTADO, nos cayera de un solo golpe en unas cuantas horas; se rompieron las expectativas y quedaron rotos todas los pronósticos de que el viento y la lluvia pasarían por Hermosillo. Ni Hermosillo, ni Obregón, ni  Navojoa fueron tan afectados como lo fue Guaymas y sus alrededores, con la carretera cortada, luz eléctrica cortada, teléfonos casi sin funcionar, compras de pánico hasta la media noche. Todo esto se produjo dada la incomunicación y la desatención de una sociedad que no termina por despertar.

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El agua se escurrió por dentro de nuestras casas y las goteras no dejaron dormir, el viento de hasta de cien kilómetros por hora no permitía salir de las casa para alguna compra de víveres, nos faltó agua, leche para los niños y además no sabíamos que tanto duraría tal fenómeno climático. Todos sabemos que estos fenómenos son de rotación y traslación, pero nos asombraba que estuviera estacionado prácticamente encima de nosotros y que no se realizara su traslación como hemos visto otras veces que sucede. Este duró 36 horas de constante viento, lluvia copiosa y con un costo material lamentable, algunas personas murieron, y además del desgaste mental que producía el ignorar que tanto duraría. Fueron dos noches y un día de tal sufrimiento que puso a prueba la fortaleza de todos los lugareños, a la gente que viajaba y que quedo detenida en las centrales, ni se diga aquellos que por motivos de trabajo los detuvo en algún lugar sin poder llegar a sus hogares.

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Dicen que cuando llueve en Guaymas “se bañan los Santos” y esta vez no fue la excepción. Los templos sufrieron algunos daños significativos como San Fernando en su cúpula, San Francisco Javier inundado por completo, los templos de Empalme totalmente mojados, el Santuario de Guadalupe con vidrios rotos y una parte de su techo exterior desmembrado, etc. Abundaron los vidrios rotos en los centros comerciales, autos empantanados, anegados, hogares sin ninguna diferencia en estadía adentro o afuera pues igual llovía en todos lados.

¿Qué culpa estaremos pagando? No se, lo que si se es que estos siniestros ponen a prueba nuestra capacidad de tendernos la mano, mano ciudadana por supuesto dado que estamos en una situación incierta de cambio de poder, al cierre de todos los presupuestos, de gente que se va y otra que llega, además de nuestra falta de liderazgo y prevención, comunicación a tiempo y formación de fondos de todo tipo para poder responder a situaciones inesperadas como esta, aunque a decir verdad somos nosotros los ingenuos, pues desde un principio “Jimena” dio a entender que no guardaba compostura.

Su comportamiento inestable desde un principio debió alertarnos pues su fuerza cambio varias veces desde un principio. Cambió  de categoría por lo menos tres veces desde su formación hasta el tremendo azote que nos propino. “Jimena debió ser “aquella” abuela que desde el fondo de nuestra historia ha venido a darnos unas “nalgadas” que nos hacían falta para que despertáramos un poco y tomáramos conciencia de que somos responsables unos de otros y que nadie va a hacer las cosas por nosotros y que somos nosotros los que debemos responder con sentido humanitario a nuestras situaciones mas adversas.

En empalme los pocos hogares que quedaron a salvo se convirtieron en albergues de la gente pobre, pero que tanto pueden recibir si el número de la gente necesitada abundaba. Pensemos en los viejitos de "El cobijo de San José", de los niños huérfanos del Rancho San Humberto,cercano al Cochórit, y de otras situaciones que no son menos importantes que estos.

Es admirable la reacción humanitaria del Padre René Esquer que en vez de preocuparse por la cúpula de su templo destruida por el agua y el viento, se dedico a atender a las personas en sus necesidades graves como lo es el alimento y se lanzo a instalar un comedor donde las personas necesitadas pudieran encontrar un taco, agua o alguna ayuda extra. Son estos los mejores signos de solidaridad que pueden servir para despertar almas y dar calma ante un cielo embravecido que nunca dejo de dar su agua.

Podemos acentuar  tres momentos de nuestra historia y a urgirnos la solidaridad en el camino de la vida humana.

1º. Somos fruto del amor, y llevamos en nuestra inteligencia la huella de lo divino la cual se manifiesta  cuando pensamos intensamente de como servir, mas cuando somos responsables de los demás, además  cuando somos libres de las ataduras que da el poder o la perdida de este e igualmente actuar y responder con solicitud al necesitado asi tengamos que quedarnos pobres. No se diga cuando amamos con gratuidad de afecto,  cuando descubrimos la dignidad  que a todos los hombres nos hace hermanos.

 

2º. Ocultarnos ante la adversidad no nos favorece, hemos de dar la cara pues no hay tan grave deslealtad que cuando nos desconocemos unos a otros y nos negamos a compartir lo que somos y tenemos.  Guaymas no se hizo en un día y nadie debe hacer del otro un “hijo extraño”.

 

3º. Guaymas es un  hogar donde el otro es un ciudadano tan digno como cualquier otro,  portamos el mismo traje de nuestro mar, poseemos el mismo color de nuestros paisajes, portamos el olor de nuestros cerros y nos enjoyamos con nuestros bellos atardeceres.  Todo   para que fuéramos y nos sintiéramos de verdad hijos y no extraños.

Y ya siendo hijos, no extraños compartiéramos una misma reacción sobre todo en momentos de siniestro como lo tenemos ahora, de tal forma que cuando nos encontremos por nuestras calles lo hagamos con la frente en alto  por el solo hecho de haber compartido la vida, la comida, la medicina, la ropa, y los frutos de toda administración laboral, política o de buena voluntad.  La grande alegría de todo ser humano es habernos ayudado  mutuamente    a caminar, dándonos la mano; que sintiéramos y viviéramos  creyendo que la felicidad del recibir, del dar, de apoyar, de acompañar, del darnos ánimos nos convierte en mejores “seres humanos” cuando se presenta la adversidad. Que nadie se sienta solo, ni camine solo, que nadie se convierta en un “sin hermanos” , que todos unamos manos y compartamos “todo lo que se pueda.

Una oración:

Concédenos, Señor, la gracia de volver a tu casa y de hacernos hijos; ayúdanos a sobrellevar la desventura de no ser amados por nuestros hermanos; y no permitas que caiga sobre nosotros la terrible desgracia de no saber amar.

 

 

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